En otros articulos hemos analizado algunos de los principales retos a los que nos debemos enfrentar a fin de po­der comenzar el ejercicio profesional en nuestro domicilio de forma medianamente ordenada.

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Denominemos lo explicado en esos articulos como las reglas básicas de procedimiento.

En este y los proximos articulos vamos a profundizar un poco mas es este asunto, para mi crucial y de vital importancia, para los que trabajamos y quieren trabajar desde casa.

Los aspectos que vamos a analizar, tienen más que ver con factores psicológicos, intelectuales y de mo­ral que afectan de forma poderosa a los que trabajamos en casa. Fundamentalmente por la actuación implacable de un elemento que actúa como la principal característica de la acti­vidad del que trabaja en casa:

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La Soledad.

La necesidad de comunicarse con los demás

Una de las principales características del trabajo en oficinas o en grupo es la comunicación con nuestros compañeros o con nuestros superiores o con nuestros colaboradores . La comunicación directa, cara a cara.

Dicha comunicación tiene un valioso aspecto de contraste de opiniones directo sobre temas relacionados con nuestra labor, pero igualmente existe el factor de cumplir con la necesidad de relación con el grupo que en mayor o menor medida tenemos todos los humanos


Al comenzar a trabajar en tu propia casa, uno de los aspectos que mas se aprecia es el de la ausencia de relación con otros

Este aspecto puede ser un factor muy duro para cual­quiera, sobre todo si no estás acostumbrado a trabajar por cuen­ta propia y con gran autonomía, y por carácter te has habitua­do a relacionarte con la gente de tu entorno profesional como parte de tu vida social.

Solamente de forma parcial dicha soledad se puede redu­cir gracias el teléfono y el correo electrónico, pero siempre es duro trabajar tú solo, en silencio, sin el ruido de fondo del res­to de los compañeros de una oficina, sin su contraste de opi­niones para poder determinar si el trabajo que estamos reali­zando está bien o mal orientado.

Por otra parte, la soledad supone igualmente un aisla­miento que puede afectar al propio rendimiento del trabajo, al ritmo del mismo y a perder la perspectiva de los plazos y cali­dad de la tarea que debemos cumplir.

¿Cómo podemos combatirla?

– Fomentando el trato con otros compañeros, clientes, afiliados, prospectos y colaboradores, provocando reuniones tanto personales como virtuales por internet que te permitan obtener esas impresiones de re­torno sobre nuestros enfoques, planteamientos y pre­misas de trabajo.

– El asociacionismo es otra buena alternativa, partici­pando en reuniones, foros, encuentros, mesas de de­bate, congresos y revistas dentro de los sectores pro­fesionales en los que trabajemos.

– La actividad comercial con visitas a los clientes es otra buena opción.

– Alternando el trabajo en nuestro domicilio con estan­cias de trabajo en centros de negocio, en telecentros o en centros de acceso público a Internet, que permite el roce y la comunicación con otros congéneres.

La gestión de la soledad

Como hemos mencionado en el epígrafe anterior, la necesidad gregaria de nuestra especie hace que a algunas personas les cueste mucho trabajar a solas.

Una planificación rigurosa y racional del trabajo diario, con una fijación de objetivos a corto y medio plazo que se deban cumplir en plazo breve, impedirán que pensemos en nuestra soledad y facilitarán la adaptación necesaria para este nuevo modo de entender el trabajo.

Ten presente que trabajar solo, no significa tener que expe­rimentar la soledad.

En el Siguiente articulo abordaremos mas aspectos relacionados con este importante tema.

Por tus exitos

Atentamente

Juan Carlos Camaño